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!OH GLORIA INMARCESIBLE!
!pero antes colmad la tierra!
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LAULTIMANOTICIA
AHÍ VIENE UNA MANSA BALLENA
CANTANDO ALEGRE EN ESE INMENSO MAR
 
 
!Oh amadas y amados hasta el extremo!
!OH DIVINA Y AMABLE NOCHE!
De que serviría mandar a todo un equipo de médicos a un pueblo de difícil subsistencia, alejado por caminos intransitables, en el que todos los habitantes estuvieran perfectamente sanos. En ese sitio los galenos estarían sin trabajo, y en ese pueblo nadie con un buen puesto seria tan abnegado, o tan tonto, de regalarle su chanfa a los cirujanos. Para no pasar hambre los doctores tendrían que ocuparse en los oficios de menor categoría, quizás los considerados de menor prestigio, los menos apetecidos y que son los que con mas facilidad los hermanos ceden a sus hermanos: vigilante, mesero, albañil, mensajero, jornalero, agricultor, conserje, barrendero, etc. Durante todo ese tiempo, los facultados por el titulo estarían con disgusto, y disgustados con quien propicio su arribo a ese lugar, porque toda la importancia que adquirieron en su interior durante los años de estudio y de practica, que la corroboraba el grado que obtuvieron, se sentiría muy por debajo al relacionarla con esta labor de menor clase, en la que se ocuparon para sobrevivir. Según esto, no se estaría haciendo nada ni por los médicos ni por el pueblo.

No le serviría de gran cosa al periodista que escribe su columna diariamente en el diario, o al que la escribe quincenalmente en la revista, poseer en su casa y en su sitio de trabajo un computador que solo tuviera instalado los juegos; que no tuviera ni siquiera incorporado el Excel, y que por muchos intentos que se le hubieran hecho, no admitiera en el disco duro la colocación de algún programa procesador de texto.
De que le serviría a un secuestrador retener a un pobre totalmente enfermo, sin siquiera las fuerzas necesarias para dar un paso, su estado pasado de kilos y todo el a punto de un infarto, lleno de indigestión y diarrea, sin un peso, o en la mas absoluta pobreza el y toda su familia.
De poco serviría que alguien se impusiera un camino, por medio del cual quisiera llegar al punto en donde solo se obra por razones totalmente bien hechas, un camino por medio del cual se alcanzara la virtud (cosa esta no tan escasa, pues Él constantemente los quiere, junto con la semejanza de su ser les regala su saber y de este modo todo mundo obra por razones, y en gran manera se hacen bien, ya que buscan lo mejor de la vida), si juntamente no le mostrara el sabor del mejor conocimiento que se le debe encontrar a este misterio de la vida. Si bien es cierto, que ese mencionado conocimiento lo hacen ellos -los hijos de Dios-, al vivir por el gusto que insinúa la vida y correr tras de el. Y adicionalmente a esa perfección ( es decir, querer disfrutar la vida; y es perfecto porque lo dicta la razón y lo quiere quien los creo ), lo hacen sin pensar en ello; lo hacen sin que una de sus manos se de cuanta de lo que hace la otra. Y con todo, siendo el gusto de su Padre aun mas exquisito que el de ellos, no le resulta suficiente. O como dice el Señor: en ese día no me preguntareis nada; o en otras palabras, no quiere Él que le estén preguntando, ni estarles diciendo como lo deben hacer; sino que libremente se manifieste en ellos.

No serviría de mucho dicho camino, si no notara por lo menos, que aquel que le dio la vida lo único que hace es compartirle su mejor gusto, y se complace en que la use de la mejor manera en que prefiera sacarle la utilidad. Que por eso, es lo único que se ve, solo se ve la voluntad de Aquel que tiene la capacidad de cumplirla.

De que serviría que alguien afortunado en esta vida gozara todos los momentos, aprovechara todas las oportunidades que se le presentan, sin desperdiciar un momento con la tristeza; huirle a la frustración y al fracaso, al dolor como al mismo don Diablo con tridente. No preocuparse de conocer eso; de procurar que todas sus razones surjan espontáneamente con buen balance. De muy poco serviría esa fortuna, si en ese ultimo momento de ese día terminase lamentándose como nunca antes estuvo, en medio de una multitud que lucha por no quedarse mas allá de esa línea un tanto tenebrosa.
De que sirve estar totalmente a gusto pero con el entendimiento desinformado, huirle al disgusto y al malogro que por el contrario avivan el entendimiento. Y se dice huirle, pero no buscarlo, porque nadie busca la desazón naturalmente; evadirla es lo razonable, lo contrario no. Pero mirarla como a Don Satanás, con aversión, es salirse de la realidad que le regalan a uno.

Asimismo, de que serviría mandar el presente spam a los cerros mas altos del mundo, en donde están esas y esos que visten de rojo y sandalias, que hace rato inspirados están en busca de eso. Como beneficiaria si se manda a alguien, al cual el Señor de la noticia de este spam ya le hablo de manera sensible, dulce y convincente, y el lógicamente conmovido y fiel, a partir de ese momento solo busca hacer lo que piensa es de su agrado; semejante a lo que le ocurrió a esos hermanos, paisanos nuestros, que han ganado y pasado con poco aprecio a los ojos de los otros.

En síntesis, para que se le va a mandar a esas personas que ya empezaron a correr tras de aquello, quieren con sinceridad ver eso que se insinúa en estas líneas, y que no es ni mas ni menos que el mayor gusto de Aquél que es centro del suceso por venir.
Si aunque a veces pareciera que no la hubiera, todo muestra alguna lógica ( hasta el mismo que secuestra ), cuanta mas razón sin comparación tendrá en todos sus actos aquel que la regala a cada uno y espera verla perfecta.

De que serviría quedarse en el envió de este spam, sin que nadie notara lo que esta en el, hasta el día en que se diga: Tu a mi izquierda, tu a mi izquierda, tu hazte a mi derecha, apártate de mi, aléjate de mi, tu a mi izquierda, lejos de mi, aléjate de mi, tu a mi izquierda, ven conmigo amiga, ven conmigo amigo, aléjate de mi, tu a mi izquierda, apártate de mi vista, hazte lejos de mi, tu a mi derecha, no te quiero volver a ver, tu a mi izquierda, tu a mi derecha,……

Sin importar que guste o no guste, pues este suceso se da sin importar que guste o no guste a alguien ( pero como una paradoja es por el gusto ), entonces se seguirá comparando a veces el spam, a veces la noticia; con precaución de hablar de ello, porque es hablar del mayor gusto del Señor. Que de no ser porque el que lo puede impone su voluntad, ese aquel callaría al ver que es cosa delicada de decir -“si es que decir se puede”-. Y si pudiera mejor solo esperaría para que hable Él ( rey de cualquier rey y mas Señor que cualquier Señor ), que es el que conoce perfectamente en que consiste su mayor gloria. Porque decir aquello como lo muestra Aquel cuyas razones son únicas, es como hablar de lo desconocido sin compararlo con nada.

A causa de todo eso, no hay mas que hacer por ahora, que decir que con este spam acontece algo parecido, a lo que ocurrió en un país en donde la desconfianza empezó a aparecer con mucha frecuencia, y por ende, al mismo tiempo la confianza cada vez se veía menos. Los primeros que notaron el asunto en medio de preocupaciones, de inmediato se dieron a la tarea de buscarla, pero parecía su accionar, como si corrieran por un pasillo de puertas abiertas a ambos lados y que se cerraban pocos metros antes de llegar a ellas. No importaba que apuraran mas el paso, o que llegaran hasta el picaporte a la carrera, después de la ultima zancada, las puertas a su vez se cerraban mas rápido y el resultado era el mismo. En cuanto a la buena expectativa, siguió escondiéndose, pero mas rápido que antes; a cada momento era mas escasa y prácticamente no se la veía por ningún lado. Como consecuencia de esto los campesinos no sembraron porque no tenían seguridad en la tierra, dudaron mucho de las semillas, no les inspiro confianza la lluvia o los rocíos de la noche. No tuvieron optimismo en que sus productos se vendieran en el mercado. En las tiendas tampoco se vendía mucho, porque al entrar en ellas todo eran recelos; los compradores miraban con prevención la calidad de los productos, vacilaban al contemplar la cantidad en los precios, igualmente con el color de las telas; pensaban que los vendedores los podrían robar o engañar dándoles otra cosa diferente. Los inversionistas de la bolsa se retiraban de ella, no se atrevían a sacar de un lado y llevar a otro sus inversiones, porque en su mente estaban como aquel que a cada momento sospecha de todo lo que se mueve a su alrededor. La gente sacaba el dinero de los bancos, o retiraban los papeles de inversión que compraron, como los CDT y otros.
Estando reinando con la desconfianza el desconcierto, se escucho una voz entre muchas otras que promulgaba haber encontrado la confianza. Señalo a lo mas alto de un edificio: !Allá esta, yo la vi!, dijo. Mas luego que subieron a la azotea, solo estaba el viento penetrando con fuerza por entre el pelo y bailando con el a su antojo; haciéndose sentir sobre toda la piel con bravura, en la altura. El recio ventarrón ponía de presente el temor que se sentía en los bordes de esta plataforma, en la cumbre de la estructura. Por lo demás, solo estaba la ropa agitándose sobre todo el cuerpo, aves contentas gritando y volando, papeles danzando.
Luego de la persecución fallida, un fulano aseguro que la esperanza estaba oculta debajo de un puente. Y aunque se busco en cuanto puente de piedra y acero se vio, grande o chico se topo, el bulto del buen presagio no apareció. Prácticamente al mismo tiempo que las otras voces, se escucho otra mas que afirmaba haber descubierto la seguridad en el fondo de un lago tranquilo y rodeado de bosques alegres, claros y umbrosos. Cuando la gente llego al sitio notaron que todo era una confusión y que el optimismo no estaba allí, sino que el reflejo alegre del bosque sobre las aguas del lago se veía en el fondo de el y se confundía con la confianza, que también se muestra contenta. Luego de este se dieron muchos anuncios más, pero al final ninguno de estos le dio descanso a esta angustia. Se sintieron descorazonados por un tiempo, hasta que alguien pensó haberla escuchado en el fondo de una caverna. Una vez mas, pero algo escépticos por las experiencias pasadas emprendieron el camino. Después de un buen rato de estar siguiendo la voz que surgía y corría por la gruta, y que en realidad era tan solo un murmullo que se percibía optimista, cayeron en la cuenta, que por la forma especial del laberinto, cualquier sonido de animal, voz de humano o ruido de golpe, era rebotada por el eco a través de la galería, en medio de un resonar de fuentes saltarinas, que escurrían su caudal sin preocuparse de nada mas, ni lamentarse porque nadie escuchara el canto que pregonaba su naturaleza. Era solo una fila de innumerables gotas que formaban el chorro, entre brincos cantaban y sonaban joviales como es propio de la confianza. Por esto todos se confundieron pensando que una cosa era otra.

–Baahhhhh; dijeron. No les interesaba ninguna belleza por ahora, y a causa de la tristeza salieron cabizbajos, sin poder apreciar el encanto del laberinto inmerso en las entrañas de la tierra.

Hasta ese momento, a nadie se le había ocurrido tomar en serio un anónimo o spam que circulaba en el diario principal, que juraba y rejuraba haber visto a la confianza en persona, sentada en un parque. Dijo esa que creyó verla, que en la mirada pudo sentir la misma tranquilidad de la seguridad. Verdadero o falso, lo cierto es que aunque la buscaron en todos los parques, en todos los prados, en todos los bancos, en la cancha de fútbol y en la de básquet, detrás de los árboles, en la pista de atletismo de todo parque, de todos los pueblos, de la totalidad de los municipios, la mirada de la esperanza no apareció. Terminando por pensar que todo fuera obra de un mitómano y mamagallista a la vez. Y así, en este reino el trajín se extendió, mas el presente cuento mejor no. Buscaron alrededor de los matorrales y detrás de las puertas, en la parte posterior de la matera y del sillón, atrás de la silla y del mostrador, detrás del dvd y del televisor, debajo de la mesa y nada se vio, bajo el mesón y nada sobro, al respaldo de la desconfianza y allí apareció. Porque cuando reluce la desconfianza opaca la confianza y cuando la seguridad se deja ver cubre la incertidumbre. Y es muy semejante a este spam, porque detrás de esas historias sencillas y que se asemejan al correo no deseado, esta aquella otra impensada, que no hay expectativa que la alcance a bosquejar, noticia buena, dolorosa y alegre que no tiene igual.


Ya se han mencionado en forma discreta los hechos inesperados que están próximos a ocurrir. Por ello, resolvió contar lo que escucho de primera fuente y otras cosas que tuvo oportunidad de conocer. Todas como entretejidas para llegar a algunos hechos particulares ( plenos de muchas razones ) que también le ocurrieron; todo ello relacionado con lo mismo. Es decir, anunciar este día próximo, si es que algún día por maravilla alguien nota de que día se le habla.
Si supiese que esto no los tocaría a todos, pues entonces para que insistir. Pero como se sabe perfectamente que el asunto lo conocerán ellos, sin faltar ninguno. que esto ( igual que el hambre o la satisfacción ) lo entenderán, sin obviar alguno, ¿Cómo dejar de informar?; incluso hasta el extremo de sacar casi de casillas a algunos, por llenarles con spam la bandeja de entrada.

Con este spam ocurre algo parecido a lo que aconteció en una ciudad acosada por la necesidad y en donde nadie había vuelto a ver un billete. Como consecuencia de esto, a un acaudalado residente de allí le fue robado un bulto de plata echado luego en una bolsa de plástico. El ladrón a su vez, en medio de la carrera, tubo que arrojar el joto en un basurero donde se confundió con otros miles de paquetes, pues como estaba hambriento se canso muy pronto en la persecución.
Temeroso de ir por el bulto compartió su secreto con alguien, recalcando la confidencialidad. En menos de lo que canta un gallo, toda la ciudad se entero de lo que estaba tirado en ese botadero de fardos mal olientes. La mitad de la localidad empezó la búsqueda, y sin embargo, siempre que la gente veía este atado repleto de dinero lo despreciaba por diferentes razones. Quien dijo: “No, esa mole tan fea no puede ser la que contenga la plata”; Humm… esa chuspa es muy sucia, ahí no puede estar el caudal; Bahhh… en esta bolsa deben estar los residuos de alguna comida, ya que despide mal olor y no huele a billetes. Otro dijo: Al parecer, esto solo contiene huesos mordisqueados y untados de sangre. Algún otro cogió la masa de la fortuna y pensando en voz alta murmuro: este saco esta muy liviano como para contener el dinero, y lo arrojo lejos. Uno mas llego hasta ella, palpo los fajos de papel moneda y ya estaba dispuesto al trabajo de abrirla, después de abrir otras mas, cuando alguien grito: ¡la encontré! Al momento todos corrieron, pero resulto una falsa alarma, y cuando regreso por el envoltorio ya no lo encontró. Y así siguieron por meses y años sin atinar.

Se ha sentido preocupado y turbado de tener que fastidiar a algunas personas de buen ánimo, que han expresado su malestar por recibir tantas veces este spam; con tan flojo estilo. Además de alguno, u otro, que promueve cadenas por internet para conseguir una muleta, recolectar dinero para pagar una cuenta de hospital, salvar cosas de valor, pero que luego de recibir 30 veces el mismo spam, se convierte en un bocón que inventa insultos o palabrotas al triple, típicos de un poseído de histeria.
Pudo ser un error, y pensándose que fuese uno de los elegidos, estaba demasiado ocupado en otros quehaceres más importantes para él, que este muy desconocido. De todas maneras el último intento no es fastidiar, sino informar de algo que seguramente no pasa por la mente de prácticamente ninguno, y que si se cree imposible es totalmente comprensible.
Ya se sabia la dificultad que esto tendría, que pocos lo entenderían, que menos lo creerían, que pocas bolas se le pondría, que todo eso es lo mejor, que se entienda y que se crea es un prodigio, que el implica para ese un peligro grande ( sobre todo el riesgo de no decir algo útil ), que la prudencia debe ser tenida en cuenta, que promoverlo para que ocurra es largo. Pero suponiendo que aun alguno mire el spam y sin embargo no le vea nada que entender, que ni siquiera se le asome por la mente un destello de aquel anuncio trascendente que esta en el. Pues entonces para mas señas, mira el himno de esta tierra y veras que el coro y dos estrofas ya preanunciaban este suceso que es la noticia incluida, que ya empezó a ocurrir, y que ya no se sabe que hacer para que se la vea; sin ser explicito, porque indudablemente es mejor así.
¡Que prácticamente!, se necesitaría la paciencia del mismísimo San Francisco para insistir. No obstante con ella o sin ella mas opción no hay.
Antes de empezar esta tarea no faltaron muchísimos escrúpulos, y está precedida de infinidad de meditaciones que fluctuaron en diferentes sentidos. Es en extremo trascendental y tan difícil de expresar con palabras lo que tuvo oportunidad de conocer ( siendo cierto que ellos también lo conocen, al obrarlo sin notarlo ), que por estas “y otras razones”, pensó y se sintió tentado a callar. Pero no solo por esta dificultad hubiese querido quedarse en silencio, sino porque muchas veces ha sentido el temor de que estos hechos ( los cuales poseen diferentes puntos de vista ), sean atendidos y entendidos en uno u otro sentido y venga a no resultar para bien, sino que resulte en una mala interpretación de los que lo conozcan. A llegado a tanto este temor ( esto es, que se entienda mal y que no resulte en el bien que el espera según su condición ), que mientras meditaba en la forma y el contenido del texto, en lo que se deba contar o no contar, se ha sorprendido deseando que ninguno lo vea. En fin, previendo estas y muchas mas consecuencias, se resuelve a hacerlo porque Él así lo quiso. También en gran medida por el temor, muy valedero, a ser reprobado por omitir lo que conviene hacer.
Ya lo sabia desde hace mucho tiempo, ya presentía desde muchos años atrás quien debía traer la noticia sobre estos hechos maravillosos, desconcertantes, quizás oscuros y angustiosos, pero también amables en extremo, “que han de suceder”. Para ser justo debe confesar, que fue el que tiene poder de hacer las cosas ( despertar el animo, establecer el sosiego, la necesidad, el disgusto,… ), quien inicio la tarea. Sino, seguiría mudo, pensando tonta e irresponsablemente que esto se podía evadir.

Tontamente pero no sin una razón, pues reflexionaba por un lado ( y en una esperanza que en realidad no tenia fundamento ), que dejándolo todo quieto y fluyendo en paz, se evitarían alborotos, eventos dañinos, acciones inadecuadas, y a las mismas cosas se les daría su cause ( como en realidad sucede ). En tanto que ese se libraría de esta responsabilidad, deseable, pero también un tanto indeseable.

Al final ese mancebo se pregunto y dijo:
¡Pero, y si debía decirse como se presentía con claridad!, ¡y no se dijera! ¿Como se respondería cuando se le preguntase por que causa no se hizo?.
De todas maneras se encontró sin de donde escoger. Por el camino que más deseaba caminar no se podía ir.
¡Hay que cumplirle el gusto primero al que es primero!.


No debiéndose guardar esto por más tiempo, empezara por contar la simplicidad con que comenzaron, asumiendo el papel de primera o segunda persona, mezclando lo que dijo una y otra. Pero al final lo esencial se entenderá claramente ( según la manera en que se lo concedan ), para el que pueda y quiera entender de lo que se habla aquí.

Conozco a la madre de Catalina desde que me empezaron a aparecer los primeros recuerdos. La vi en muchas ocasiones, es un recuerdo simple y difuso porque en esa época la mente era muy joven y aun despertaba.
Luego conocí a Catalina cuando aun estaba en el vientre de su madre, o sea de Azucena, que así era el nombre de la madre de Catalina. El recuerdo más especifico sobre esto, sobre el embarazo de Azucena esperando a Catalina quedo grabado por un fenómeno nemotécnico. La vi una tarde en la que estaba cursando posiblemente segundo de bachillerato. El fenómeno nemotécnico empezó por la mañana estando en el colegio. No se el día de la semana, pero estábamos en clase de Artes. El profesor nos recordaba someramente como hacer un maletín en madera, una biblioteca de dos escaños, un carro de madera, un baúl, un acuario, un mimeógrafo y varios artefactos más, todos interesantes y útiles. Dicho profesor corría con la mala fortuna de cargar detrás de el la fama de bonachón, alcahueta, y en verdad pocos se rajaban con el. En los días y la semana precedente no faltaron las protestas por los trabajos que nos dejo para el final del semestre, pero en estos alegatos se notaba a leguas la intención de joder. Algunos alegaron que eso salía muy costoso y que el papa los regañaría cuando llegaran con la lista de los materiales. Otros dijeron con desprecio que tenían que estudiar mucho y que no disponían de tiempo para hacer cualquiera de esos trabajos (afirmacion que la percibí algo irrespetuosa, porque era como decir que las demás materias eran mas importantes que la de este profesor). En un momento todo el salón se lleno de protestas, en medio de un desorden sorprendente, y algún chistoso grito que él no tenia papa. Aunque muy mamagallistas en ese y en otros momentos, ninguno se atrevió a decir que tuviera el papá moribundo; ¡No llegaban a tanto!, pensé, y en base a esto concluí que en realidad no eran chicos malos, solamente les gustaba jorobar. De todas maneras les reconocí esta y muchas veces más las intenciones detrás de sus palabras, y estas no consistían mas que en los deseos de fastidiar al maestro, sacarlo de casillas y divertirse a costillas de él, pues prácticamente nadie creía en las amenazas que ya gritaba, mientras el nivel del desorden se incrementaba rápidamente:
- ¡Pulido: tiene cinco décimas menos en la nota final!. Dijo, mientras anotaba con saña temblorosa en una libretita. ¡Melón!: me trae el maletín terminado para el lunes, sentencio el profesor. Melón levanto la mano con ademán de desprecio y respondió con rostro de ingenuidad.
- ¡Huyyy no profe, no alcanzo!, si ve como es usted, solo llega a montarla. Yo me voy a quejar a la rectoría.
- ¡Pues vaya, yo lo acompaño!, y de una vez llamamos a su acudiente, grito el profesor Gutiérrez.
Gutiérrez noto que su rabieta y entrar en esa discusión con Melón, lo único que hacia era incentivar aun mas la recocha colectiva dentro del aula.
- ¡González me trae el acuario para el lunes!, exclamo mientras le apuntaba con el lápiz y los ojos encolerizados. Y me sorprendió aun más que lo demás la respuesta de González, que casi nunca se prestaba para tales comportamientos.
- ¡Huyyy, pero por que me la vela a mi profe!, alego González en voz alta (mostrando así que Gutiérrez no le inspiraba ningún temor). Al tiempo del alegato volteo la cara hacia atrás, en medio de una sonrisa que versaba entre la responsabilidad y el sufrimiento, como buscando la aprobación de los mas resabiados por este nuevo aporte al desorden.
- ¡Por que se la velo!, ¿Que porque se la velo?; respondió el profesor. Porque usted es el principal instigador de la guachafita que tienen organizada allá atrás.

Yo sabia que los injustos en el salón de clases éramos los alumnos, pero con esta afirmación del profesor si no estuve de acuerdo. González siempre fue de los más aplicados y la batuta del desorden en este grupo de atrás no la llevaba él. Así que como vi que el maestro también hacia juicios injustos, decidí pensar que ahí no había que buscar el criterio acertado, porque nadie lo tenia, ni a nadie le interesaba tenerlo. Solo primaba el deseo de divertirse (Siendo esto último también producto de una razón).
Ya con esta conclusión me resigne a quedarme en silencio, tal vez con una leve sonrisa en el rostro y con ganas de gozarme el desorden, que no pocas veces me dio para reírme casi hasta rabiar.
- ¡Yooo…!, ¡Yooo…!, dijo González con ojos de inocencia. Si yo soy el único que estoy serio en el salón, ¡pregúntele a Melón!, y todos nos reímos del descaro y de la cara socarrona del chico, unido a la expresión de honestidad que puso Melón mientras apoyaba la afirmación de él.

Para ese momento calcule que un poco mas de la mitad del salón estaba fuera de control, cada advertencia del profesor se sentía inofensiva y lo único que hacia era despertar nuevas risotadas; especialmente entre los más irrespetuosos y que estaban sentados al lado mió.
- No se como harán, pero me lo traen o tienen cero; alego el profesor algo atribulado. Escobar me trae el baúl el lunes, ¡o no pasa artes este año! ¡Galindo!, dijo de mal genio, la nota le queda sobre cuatro y trae el acuario con agua y pescados. Galindo metió la cabeza entre los hombros y desarrollo una risa con la lengua mordida y salpicando saliva; todo esto volvió a despertar nuevas carcajadas. Yo también me reía y me sentía divertido en medio de esta confusión, pero por varios momentos sentí compasión del profesor Gutiérrez e incluso les pedí en voz baja que le paráramos ya el sabotaje.

- ¡Paremos ya hombre!, dije cerca de Melón, pero con intención de que me escucharan los otros.
González y Melón hicieron una expresión grave y estuvieron de acuerdo conmigo, pero no había nada que hacer. Y así lo dijo Galindo.
- ¡Queeee!, esto esta fuera de control; afirmo con desprecio. Le di la razón, y reflexione en que lo único que serviría para calmar este desorden, era que llegara alguien que los hiciera temblar.
Entre tanto la recocha se había extendido aun más, y algunos de los alumnos mas candorosos del salón se atrevían a contradecir abiertamente al profesor. Hernández le respondió con total desprecio y pasividad:
- Yo no hago ese trabajo, póngame otro. ¡O si no usted vera que hace! Dijo esto con tal seguridad y con el aire de inflexibilidad de un banquero (como si un corderito de un momento a otro sacara garras y colmillos), que más de uno miro con ojos aterrados y estallaron en nuevas risas.
En la expresión de Gutiérrez creí ver lo que sentía por dentro, y por dentro se sentía impotente. La autoridad que le quedaba era muy poca, todo estaba desbocado y solo le quedaba abandonarlo.
Yo me reía, no se si de la altanería inaudita de este chico Hernández, que siempre paso como un angelito, o de la naturaleza ya predecible de ese comportamiento muy humano.
- ¡Los trabajos ya están asignados, me los traen o tienen cero!, dijo el profesor mientras se volteaba contra el tablero y continuaba asignando los trabajos por escrito a cada uno.
Enseguida ocurrió algo que nunca antes, ni después, se arriesgaron a hacer, y que demuestra que el nivel del desorden subió mas de lo normal. Mientras estuvo de espaldas se atrevieron a botar un papel y un pedazo de tiza contra el tablero, que me hicieron apretar los dientes. No fui el único, note perfectamente como Melón y González también apretaron los dientes, de ver que el tizazo lo pudiera alcanzar en la cabeza o en la espalda. Afortunadamente esto no paso y varios descansamos y nos reímos nerviosamente al ver que nada ocurrió. Entre tanto, el vio como chocaban los proyectiles contra el tablero pero se hizo el desentendido. Alguna vez me alcanzo la histeria colectiva y grite un !Queeee!, o me uní a alguno de los alegatos de la recocha, pero la mayoría de las veces me frene por un sentimiento de compasión al ver que nadie le obedecía en absoluto.
Cuando se volteo y me asigno el mimeógrafo para el martes siguiente, le dije que si cortésmente, ya que pensé que era suficiente con el infiernillo que tenia encima.
–¡Usted me trae el mimeógrafo para el martes!, dijo.
–¡Si claro profe, como mande!; le respondí. He tenido una tendencia muy marcada a compadecerme de los que sufren, aunque sea por cosas de escasa gravedad como la que montaron los chicos ese día.
Luego asigno trabajo a otros dos, y estos tampoco lo contradijeron. Cuando nos volvió a dar la espalda el desorden y la gritería se incrementaron algo más, y volaban papeles de un lado al otro del salón. Al ver al tipo por detrás, con la cabeza escondida entre sus hombros, amargado, sentí nuevamente remordimiento de conciencia por las veces que me divertí a costillas de el (el remordimiento de conciencia se da por lo que uno hace no por lo que hacen los otros), y me pareció inconsciente la actuación de los muchachos. Empero algunos no participaban en el desorden y miraban con aire de preocupación. En esos momentos recordé que en alguna ocasión otro curso lo fastidio tanto, que lo hicieron llorar y se fue corriendo para la rectoría a darse por vencido.
Pues bien, fue tan notoria la indisciplina de esa mañana que por eso mismo la recuerdo. Decía un experto en técnicas nemotécnicas, que son las cosas salidas de lo normal las que más se recuerdan, y ese día de indisciplina fue algo salido de la normalidad. El salón seguía sin orden, algunos llegaron al extremo de voltear los pupitres y darle la espalda al profesor. En esta posición se dedicaron a conferenciar en las narices del maestro, despreciando lo que decía, las asignaciones que hacia, ignorándolo y haciéndole un desaire muy feo. Varias veces los llamo al orden:
- ¡Orozco y Manrique enderecen los pupitres y pongan atención a clase!
- ¡Hernández, enderece el pupitre y deje de charlar!.
Pero los chicos, insolentes, no pararon bolas como lo hubiera hecho un sordo o un autista. Este descaro resulto desconcertante para más de uno, y fue motivo de nuevas risas. En vista de esto, el volteo y siguió escribiendo en el tablero.
Nos encontrábamos más allá de la tercera hora, y estando todo así, fuera de control por más de veinte minutos, la puerta del salón se abrió de un tramacaso; ¡como empujada por un fuerte ventarrón! Como esta colindaba con un jardín interior sin techo, la brisa recia y fría de esa mañana se hizo sentir en todo el salón, golpeando en el rostro y levantando papeles. La chapa golpeo con violencia la pared y las láminas de metal de ella vibraron con estruendo. En el umbral apareció Amado, el prefecto de disciplina a quien todos le temblaban. Cuando lo vi en el marco de la puerta -!pequeño y grueso, como envuelto en niebla!-, agitadas sus ropas por la brisa, le encontré un sabor apocalíptico a toda la escena y quede por un momento desconcertado. Aunque supuse de inmediato que venia a poner en cintura a los causantes de la guachafita, no llego un grito abusivo como los que solía emitir. En un santiamén el recinto quedo en total silencio. Y callados, y con caras angelicales empezaron a enderezar los pupitres.
- ¡Que es lo que pasa aquí!; grito amado firme y claro. Y dirigiendo la mirada al profesor Gutiérrez, añadió desde la puerta con un tono de amable reclamo:
- ¡Profesor, póngale orden a estos chinos, no deje que se la ganen!
De inmediato se dirigió hasta el tablero, seguro del temor y respeto que inspiraba, en el camino enderezo algunos pupitres que no habían quedado bien orientados en medio del afán y del temor de algunos compañeros. Mientras realizaba esta acción, echo miradas entre recias y compasivas al dueño del pupitre por donde pasaba y en todos los ángulos del salón. En su rostro y en sus ojos le alcance a distinguir los pensamientos: Una larga experiencia lo llevo a creer mucho en la disciplina y le engendro un sentimiento de valor, ambas cosas las veía el allá donde se ven y se mueven las ideas. Y como eso era lo que veía ( porque la persona siempre ve, solo las ideas y las razones que se figuran dentro de el, y como es lógico esta condicionado a esto ), a eso nos referenciaba, o nos comparaba, y nos consideraba unos chicos indisciplinados y cansones. Luego de pavonearse por el salón, todo el recinto experimento una disminución de la ansiedad causada por el temor, porque era claro que Amado no repartiría algún coscorrón, bofetón, o alguna variedad de pescozón.
No fue la primera vez que el temor apaciguo y el comportamiento cambio en ese salón, con la presencia de alguien. Existía un tal Rojas, dictaba gramática, el hombre tenía un tono intelectual y mirada convincente; Convencía a mas de uno. En una ocasión estábamos sin vigilante y paro a los chicos por otro desorden. ¿Que es lo que pasa aquí?, pregunto desde la puerta. Camino a paso largo, cual marinero sobre la cubierta en mar agitado, inclinado como la torre de Pisa.
- No pierdan el tiempo así, dijo; Podían adelantar trabajo. ¿Cuanto les cuesta a sus padres costearles el colegio?; ¿Cuantos padres de ustedes son simples obreros?
Con este comentario golpeo a mas de uno. En el costado del salón que daba contra los cerros estaba Osorio, se movió incomodo, casi siempre alardeaba de plata y miraba por encima del hombro.
El padre Molina calmaba a los indisciplinados en ese salón con afabilidad. ¿Están divertidos?, dijo una vez con un tipo de dulzura en el timbre de la voz. Hay mas cosas divertidas en la vida. Podrían hacer una oración al día. La determinación de su mansedumbre influenciaba a algunos, que resultaban con expresión de cordero. Igual que Amado cuando llegaba empujando el carrito del bebe con la mujer al lado.
Aunque entonces éramos niños, lo que pasaba en ese salón, a veces se parecía a lo que ocurría en un pueblo feliz pero de poco criterio. Un día, en medio de un desorden en ese vecindario llego de visita un pensador y espiritual, haciendo un suceso inquietante en que todos ellos se convirtieron en espirituales. Luego de esto se instalo en un hotel un personaje conocido, que versaba entre lo matón y benefactor, se jalaba unos pensamientos compuestos con seguridad, de tal manera que sonaban bien y muchos habitantes de ahí terminaron armados de pistolas, sonando uno que otro tiro en las calles, o en sitios públicos, y arengando a la gente sobre cosas de malos, de buenos, de justicia, etc. En otra ocasión los visito uno agobiado de tristezas y todo tipo de necesidades (necesidad de comprender, necesidad de alimento, necesidad de calzado, necesidad de inteligencia, necesidad de amor, necesidad de salud, necesidad de poder decir buenos discursos, o bonitos discursos, necesidad de ropita, etc). A estos del pueblo les pareció despreciable, y como creían así no mas todo lo que les parecía, sin reflexionar, dedicaron su tiempo a montársela a aquel menesteroso, diciéndole cualquier cantidad de tonterías insultantes o fastidiosas. Luego de esto los visito un líder que predicaba la bondad; Les sonó bien y de un momento a otro estaban implorando al cielo, con aire arrobado el rostro. Otro día los visito Don Diablo y fácilmente se encendieron unos a otros por sentimientos que a veces parecían buenos o también malos, sin pensar que todo lo que se piensa no siempre es así. Unos a otros se sintieron despreciables, alegando la maldad de los otros; el egoísmo y algunos comportamientos no adecuados para la convivencia: Se estallaron calabazas en la cabeza, huevos en la espalda, plátanos pichos en la cara, unos a otros se trataban de inútiles, incapaces, gordos, feos, ignorantes, se decían con odio que eran traidores, ladrones, perezosos y toda suerte de afirmaciones insultantes. Al mismo tiempo Él, quien cree firmemente que todo no es más que una mentira, alegaba poniendo rostro de inocencia: !Yo solo les insinué algunos sentimientos y uno que otro consejo, allá ellos si no tienen criterio y me creen! Luego de esto les llego otro personaje, que después de algunos movimientos pacifico una región. Reconocido por esto y tras acumular fama detrás de el, no tenia contradictores. El discurso de este era muy semejante a lo que allí querían oír, con lo que otra vez entraron en un estado de paz, y de decirse insultos pasaron a los halagos de palabra y obra. Y así siguieron, en tanto que no se dieron cuenta, que además de las muchas flores del pensamiento que son hermosas de ver, gustosas, convincentes, engolosinantes, con las cuales esta adornado el universo, no sobra apetecer, que de arriba sea regada una semilla que esta en todos, para tener un jardín de flor de pensamiento, de color, aroma y forma indefinible, que valora mejor el aspecto de las demás flores y es fundamento de ellas; con la cual, sin embargo, se siguen cogiendo las de colores y aromas que mas le agraden.

Después que Amado cruzo el salón, en el ambiente se respiro tranquilidad. Estando al frente, exhibió una expresión de padre compasivo, y las palabras que uso fueron muy amables; nos dijo que no estaba bien abusar así de la amabilidad del profesor. Lo elogio como un excelente maestro y valoro la utilidad de las materias que nos dictaba. Después advirtió que en caso de repetirse un desorden como el anterior, nos pondría a dar cincuenta vueltas al campo de fútbol con los libros en la espalda. Normalmente un curso se podría tardar hasta las cinco, o seis de la tarde completando ese volteo, y nadie se iba hasta que no terminara el último del salón. El hombre tenía un temperamento militar y decían que en varias ocasiones tuvo a los cursos completos aprendiendo a marchar, desde por la mañana hasta que oscurecía. Muchas veces vimos a los últimos años de bachillerato, a la hora de salir, mientras se quedaban en las manos de Amado practicando el: un dos, un dos, vuelta izquierda, vuelta derecha, atención firrr.
Escuche la historia de boca de uno, con temperamento simpático, que estaba en el penúltimo año, ¡dicha en forma divertida!, de cómo estuvieron desde por la mañana hasta bien entrada la tarde practicando la alineación. Con pito en mano, ordenando bajitos adelante y altos atrás, calculaba la alineación con un ojo tapado.
-¡Pirrrrrr!, Moreno, córrase a la derecha. ¡Pirrrrr, Fernández!, que no
desayuno, ¡parece Recto!.
Según esa misma fuente, en una ocasión alineo a Fino sonándole un guamazo en la espalda, cuyo eco llego hasta la rectoría. Fino era un adolescente que creció rápidamente y gano masa muscular en abundancia. A su lado Amado parecía un pitufo, y Fino era como Gargamel. Empero, ni ese joven, ni nadie, prácticamente osaron nunca levantarle la voz o la mano a ese tipito, a pesar de sus abusos. Una vez alguien le contesto los gritos al hombre, este se hizo el desentendido por un momento y dando la vuelta látigo al alumno con la cuerda del pito. De inmediato los dos quedaron estáticos, mirándose agresivamente a los ojos, pero amado fue el que hablo.
- ¡Que va a hacer ahh!
En realidad ambos entendían su situación. Amado entendía las dos ventajas, sabia que el chico le ganaba en fuerza, pero que si le levantaba la mano se iba del colegio con malas referencias. Fino también intuía que no tenía de donde escoger. Si enfrentaba a Amado, se enfrentaba a perder todo el año de estudio y a una cantaleta en su casa por haber sido expulsado del colegio. Si soportaba el exceso de Amado no tendría que confrontar nada más; Y al final, entre enfrentar o soportar a Amado, resultaba menos perjudicial soportarlo ( “o era menor el numero de problemas”), y este era un calculo bien hecho. Y como es lógico, la gente siempre escoge aquello a lo que se le dibuja esa propiedad.

Una vez, estando en recreo, me plante en un corredor que hacia de balcón. Al frente estaba amado con un grupo de bachillerato en la mitad del patio, corriendo de vez en cuando y dictando educación física.
- ¡Ese man cuando hace ejercicio suda es puro valor!, dijo alguien cercano a mi. Aunque ya había percibido su presencia, solamente hasta ese momento los observe. Eran jóvenes mucho mas altos que yo, algunos se afeitaban y se hacían patillas, hablaban de novias y rumbas. Supuse que ya estaban en el último año de colegio, que para entonces lo veía muy lejano.
Otro de ellos, con las mechas un poco largas y vanidoso de su juventud, opino que eso no era nada, y que Amado en el baño, después de sentado lo único que hacia era puro valor. Los vi reírse despreocupados, cavile que la ocurrencia era única y me fui pensando que Amado era poco amado.
Otra vez observaba con entusiasmo un desfile con tambores, triángulos, platillos, y un líder moviendo el bastón. Para mirar mejor me moví hacia un sitio más alto, desde donde observaba Gutiérrez y mi ángulo de visión bajo. Al momento observe a Amado desfilando, pues como era de baja estatura solo desde este punto lo alcance. Tenía rostro digno y algunas medallas en el pecho. Pero al momento todo el encanto se acabo.
- !Ese Amado es mucho payaso con todo ese poco de latas en el pecho! Dijo Gutiérrez.
Pasaron unos segundos en que no supe que pensar; ya no sabía si deleitarme en el desfile o analizar lo que dijo Gutiérrez, que indudablemente iba para mí, pues nadie mas estaba por ahí.
- ¡Si, ese Amado es un caso!, atine a decir. Y luego me fui para un sector de primaria en donde unos títeres hacían reír.
En el camino seguí pensando en el comentario de Gutiérrez con algo de desconcierto, porque según escuche este también había estado en alguna rama de la milicia. En esa época no notaba que todas las cabezas hacen como un jardín y cada una produce diferentes flores de pensamientos.

Y hablando de pareceres, las cosas serán semejantes a como obro un Señor dueño de cierta región asolada por un asaltante, que sorprendía en la casa o en el campo. Sin embargo, un día cayó en manos de sus enemigos, que lo superaban en número. Viéndose pues estos con la ventaja encendieron al atracador con piedra, palo, puño y cualquier cosa que encontraron, salvándolo de la muerte un grupo de habitantes piadosos que sintieron pena de verlo agonizar, cual corderito en las fauces del león.
Al poco tiempo supo esto el Señor y mando llamar aquellos hombres que ajustaron las cuentas de acuerdo a su tarifa, mas los intereses. En el camino pensaron estos que recibirían alguna felicitación, o distinción por su actuación, pero bien pronto comprendieron su error. De inmediato el Señor les reprocho la manera en que trataron a su hermano y les recordó que en ese lugar tenia el establecidos jueces y demás para ejercer con imparcialidad.
- ¡Pero Señor cuantas veces nos hizo sufrir, quitándonos hasta lo que teníamos parta comer!; alegaron estos.
No sabíais que vosotros sois míos igual que el ladrón, que el juez; contesto el Señor. Que conozco vuestros pecados o incoherencias, y que son ellos los que promovieron el ladrón, al tiempo que busco la solución.
No sabéis que escudriño dentro de vosotros. Yo os vi el temor cuando os encontrabais con ese asaltante, mas cuando fuisteis muchos no. Y en cuanto a vuestra justicia, veo desproporcionado vuestro desquite, lo dejasteis tal mal que ahora vosotros le debéis. Es como si así me trataseis a mí, y por lo tanto os encontráis en deuda conmigo.
Empero estos hombres no aceptaron las razones del Señor, no pudieron soportar el malestar dentro de sus almas a causa de la contradicción de el; o se llenaron en sus mentes de sentimientos de humillación, o frustración, que lo único que hicieron fue refutarlo con furor. Como quien insulta al bosque, discute con el caballo, o le dice a la guitarra no me gusta como cantas.
Entre tanto este Señor hizo oídos sordos, igual que el bosque, y hablando con un amigo decidió que estos también pagaran intereses.
- Dejad a estos, le dijo a su amigo, pues los veo escasos de virtud, incoherentes o poco informados. Y ahora que yo regrese, deseo que cada uno sea más perfecta de lo que es, de acuerdo a su condición.
- Porque dices Señor que los encuentras escasos de virtud, pregunto ese amigo, y de paso averiguo mas sobre este don. Pero el solo respondió que cuando lo sintieron favorable, o dentro de sus almas (o pensamientos) no estuvo el malestar me bendijeron y alabaron, pero luego cuando dentro de ellos conocieron la dureza de la frustración, me desconocieron y su Señor no fue digno de bendición. De tal manera que dentro de ellos nunca me quisieron como yo merezco -ya que si los amo quiero lo mejor-, además que sus actos dependen de muchas influencias allí del exterior.

Al final Amado nunca nos dicto clases, por lo tanto no puedo afirmar lo referente a el con suficiente certeza. Pero los rumores que lo acompañaba decía estas cosas de él, y según el run run, ese era a grandes rasgos el temperamento y las prácticas del personaje responsable del orden. Por esa causa le temían y por esa causa lo percibió como una visión apocalíptica cuando el día al que se hace referencia se presento en la puerta del salón; ¡Porque todos temieron!, y porque ese día -¡Es imposible no suponerlo así!-, será tremendo y se sentirá con temor. Ahora, al escribirse este texto -“del que aun duda”- se siente convencido de que así y de otras maneras será ese día.
Nunca ha dudado de una buena disciplina, pero si de abusar de la ventaja cuando se muestra a favor. Luego de advertirnos sobre los correctivos que pondría en práctica en caso de continuar la indisciplina, nos quedamos atortolados ante la noticia exagerada que nos dio. En esa entonces era muy joven y entendí que la ciudad estaba en guerra, que las revueltas habían propiciado mucha destrucción y que la violencia solo se encontraba a diez minutos de nosotros. Yo y otro compañero que estaba junto a mi, miramos por la ventana esperando ver algo, pero no hicimos más que quedarnos elevados mirando el ganado pastando en la pradera soleada al lado del aula, en ese colegio casi campestre cerca de la ciudad.
Melón nos dejo a todos expectantes cuando se levanto pausadamente y hablo con el prefecto presente:
- ¡Si ve profe!, dijo con pesar y dirigiéndose a Gutiérrez. No puedo traerle el maletín el lunes, las tiendas están cerradas con esa pelotera. Lo dicho por Melón parecía juicioso, pero por los poros se le escapaba un sabor burlón.
- ¡Eso es solo una pedrea callejera a cincuenta calles de aquí!, replico el profesor Gutiérrez en tono cortante. Y añadió: deje de ser payaso Melón o váyase para un circo.
- ¡Si ve profe, usted es el que empieza!, acoto Melón con cara inocente.
Para sorpresa de todos el prefecto no dijo ni pío, y miro a Melón sin expresión.
Después del aviso sobre los desordenes en la ciudad la clase se interrumpió y se formaron varios corrillos, yo me acerque al grupo en donde estaba el profesor, Melón y otros mas que poco antes se la tenían al rojo. Gutiérrez me parecía un hombre mayor pero seguramente no pasaba de los veinticinco años, trataba a todos con familiaridad, como si nada hubiera pasado, y esta actitud de el me admiro; ¡No en balde tenía la fama de ser un tipo muy manso!
Por uno que otro comentario suelto que boto Gutiérrez, comprendí que la situación no era tan grave como la percibimos al comienzo. A consecuencia de esa noticia, y previendo la agudización del conflicto, la estrategia que había asumido el colegio era la de repartir inmediatamente a los estudiantes que se encontraran mas cerca de el, o lejos de los desordenes.
- ¡Los estudiantes de las rutas 4, 5 y 7 no pueden salir!; dijo el prefecto con vozarrón autoritario, que nos dejo más atortolados que la misma noticia de la pelotera.
- ¿No se puede salir del salón o del colegio?, pregunto con timidez Barreto, uno de los más aplicados.
- No pueden salir del colegio; aclaro Amado.
Todos los alumnos que no podían salir del plantel, se reunieron en el patio en donde nos formábamos para eventos especiales, tales como la izada de bandera. Desde ese sitio pude observar como se llenaban los buses. Cuando partían, los niños sacaban los brazos y el tronco por las ventanas y se despedían en medio de rechiflas y burlándose de los que nos quedamos en este encierro forzado, sin expectativas de almuerzo por el momento.
Pero las cosas no fueron tan simples como parecían, ya muchos de los corrillos estaban planeando las tácticas para salir del plantel sin permiso, la principal estrategia era escabullirse por la puerta de atrás, que en realidad no era una puerta sino un potrero que empezaba a subir la montaña, cercado en madera y alambre de púas, con muchos pantanos repletos de renacuajos en los que en los años anteriores jugamos cazando ranas. La salida principal estaba perfectamente custodiada por dos profesores y un celador. La información de los corrillos se filtro, quizás hubo un inocente, un imprudente, y las directivas entendieron las intenciones de algunos alumnos; Al momento echaron mano de los profesores que ya estaban dispuestos a marcharse y los encargaron del cuidado de todas las salidas.
Varios chicos planearon fugas por más de cuarenta minutos, Melón y Pulido estuvieron muy ocupados en esto. Melón se dedico a rondar todas las posibles rutas de escape. Entro a los baños y encaramado sobre unas canecas alcanzo unas ventanas altas y pequeñas, la vista le quedo por encima de una cerca de pinos recortada a dos metros de altura y desde allí observó los potreros de la parte de atrás. Al momento llego con las noticias.
-¡Cualquiera sale por ahí!; dijo sonriendo y despreciando la situación. Esa fue la última vez que lo vi hasta el lunes siguiente. Me invito a escaparme con él, pero yo me mostré indeciso. No se en que momento se nos perdió de vista.
Preferí quedarme ahí pacientemente, creí que el asunto no era tan grave y me dije optimista que por mucho que aguantaran, el aguante no les llegaría hasta las cinco de la tarde. Además los potreros de la parte de atrás no todos eran propiedad del colegio, y con frecuencia había perros que atacaban en gallada y podían corretear a cualquiera. Ya habían mordido antes y difícilmente un campeón le gana en carrera a un can. Un niño que no era de mi curso, pero si de la misma ruta, y al que el lunes anterior le hice un favor al bajarme y correr hasta su casa para que no lo dejara el bus, se ofreció a franquearme la salida ante los celadores y profesores sacándome en el carro de su papa, que pronto vendría por el. Cuando llego, dos chicos a mi lado murmuraron del carro con mofa, diciendo que era un elefante blanco. El infante me abrió el paso contándole a su padre el favor que le hice el lunes anterior. Desde el carro mire y me sentí aliviado por mi, al ver a todos los que se quedaron esperando que alguien los viniera a recoger. Empero la fortuna no me duro sino tres calles.
- ¡Hasta aquí lo traigo jovencito!, usted va para otro lado, dijo el viejo. Algunos soltaron risitas burlonas mientras me miraban de reojo.
Quede como un desconcertado en medio de una calle polvorienta, mirando el carro que se alejaba con un nudo en la garganta. Cuando mire en los bolsillos solo tenía para un bus, así que espere el único que me llevaba de corrido, aunque se demoraba más de una hora. Cinco minutos adelante rebasamos al elefante blanco que se quedo varado, y experimente un fresco insano, al pensar que una fuerza superior vengo la humillación que me hicieron pasar poco antes.
Después de empezar el recorrido estuve cabeceando, me desperté y leí el número de la calle en las casas, me había pasado hace rato de mi calle que estaba en el centro de la ciudad, en un sector de clase media, media.
Al bajar del bus, el sol picante me desato un estado de modorra instantáneo, y en una tienda estaba la noticia aun fresca, saliendo de un radio que reposaba sobre un bulto de papas. Quise escuchar, sin notar que al hacerlo obstruía el paso de los clientes. Cuando advertí mi imprudencia me aleje de allí a paso rápido. Realmente no llegaba a guerra civil, pero si hubieron varios focos de desorden en toda la ciudad, con carros incendiados y lo demás.
Mientras caminaba contando calles hacia el sur muchos seguían en sus quehaceres diarios, escuchando en diferentes sitios como evolucionaba el asunto, y creo que sin preocuparse gran cosa por el suceso, porque seguramente no los tocaba. Recordé las palabras del profesor y le di la razón al ver que la ciudad seguía como siempre. Dentro de los comentarios que escuche, unos los hacían dos viejitos encorvados con palabras silbadas, sentados en un parque conocido y con el bastón entre sus manos. Mas adelante uno paso a mi lado, y alcance a escuchar lo que dijo.
- ¡Hasta ahora las cosas están en tablas!, fueron sus palabras, como si poco le importaran los muertos y todo lo demás. Pensé que ese era el retrato de la humanidad, y me dije que al final cada quien esta en lo suyo.
La discordia se resumía en que algunos pedían algo posiblemente no muy fácil de conseguir y el gobierno no estaba dispuesto a ceder así no más. En ese momento recordé al presidente de turno. Era un hombre pequeño y de principios impecables; Totalmente convencido de sus ideas; Recto. En medio de todo era un tipo muy liberal y difícil de doblegar.
Cuando voltee la ultima esquina para llegar a mi casa, después de caminar por casi de dos horas, reconocí en la mitad de la calle a Azucena, su barriga no experimento el fenómeno nemotécnico, pero si el volumen de su cuerpo. Creo que ni siquiera se me había ocurrido pensar que esto fuera un embarazo. La que estaba de espaldas con ella era mi madre, la reconocí hasta que estuve en la mitad de la calle y al otro lado de la acera. De inmediato me llamo con una expresión de alivio.
-!Yo me lo imaginaba en el colegio mijo!
Le conté la verdad simplonamente:
-!Suspendieron las clases a causa del conflicto, nos cansamos de estar en el colegio sin hacer nada, cogí un bus y me vine! Las dos mujeres alegaron aterradas sobre los disturbios en la ciudad, pero yo replique con desprecio e ínfulas valerosas que no había peligro por ningún lado. Las dos desaprobaron mi apreciación y consideraron que eran los juicios de un adolescente sin mucho criterio, y me quede un momento observándolas con los pies en la tierra y la mente en las nubes. Como en esa época no existían los ecógrafos, ni las sondas y demás, Azucena menciono alegre las dos posibilidades para el nombre que llevaría el ser que ahora tenía en el vientre.
-Si es niña se va a llamar Catalina, y si es niño José Antonio, ¡como el papa!; acoto Azucena con cara de un futuro alegre.
- ¡Yo creo que es una niña, porque cuando son niños a la madre se le llena de pelos la barriga!, dijo mi madre, porque así se lo dijo a ella una amiga suya poseedora de una sabiduría particular e inquietante, de esa que se mezcla con las tradiciones y las leyendas.
El comentario medio lo entendí, y quede pensando en una canción que estaba de moda, y cuya protagonista tenía el nombre de la embarazada. Esa fue otra asociación y por lo tanto un fenómeno nemotécnico. Así estuve por un momento, pensando en la asociación y observándolas frente a un jardín florecido que las enmarcaba por detrás, todo iluminado con intensidad por el sol de aquella tarde.
No mucho tiempo después me tope a Catalina cuando recién llegaba a este mundo. En esa ocasión también regresaba de clases. La tarde era de una claridad extraña y tenia algo que alegraba, a pesar de estar tapado el sol. Los jardines y los árboles se movían con placer al son de la brisa y toda la naturaleza parecía alegre. En una esquina de acceso a mi calle se encontraba un grupo como de cinco personas, al primero que reconocí fue a mi padre, apenas se sonrío al verme, pero su mirada fue como si no me viera porque una percepción le absorbía completamente la atención. Note que hablaban gozosos de algo que a su vez los movía a una consideración extrema. Al instante detecte a José Antonio, Azucena, y a Blanca, la hermana. El motivo del corrillo y de los comentarios asombrados despertaron mi curiosidad. Se debían a una causa que no tarde mucho en conocer.
Después de rondarlos por un momento mientras ellos no me ponían ni pizca de bolas, escuche el llanto de un recién nacido. El cuerpo ya se me había estirado y era capaz de empinarme y de mirar por encima del hombro de una mujer normal, y Blanca era más pequeña que la mayoría. Así atisbe por encima del hombro de ella y encontré a Catalina con pocos días de nacida en los brazos de su madre. Con el cuerpo y las manos del tamaño de una muñeca, sobrada de energía y presa de una rabieta hizo un berrinche desesperado, tirando patadas y manotazos al aire hasta que se quito el cobertor de encima; después prorrumpió en un llanto que insinuaba un gran dolor. Con la misma expresión de tragedia en su rostro le note las encías totalmente lampiñas y me quede sorprendido de mi mismo, porque percibí un sentimiento de ternura que nunca antes había experimentado y que no se de donde me llego. A los mayores este pataleo les inspiro voces de admiración y cariño.
Azucena se la ofreció a mi padre, no se porque, y el la tomo en sus brazos elevando la mirada y sonriendo. Alzo la voz con aire solemne, entre tanto que el rostro se le iluminaba como si contemplara algo extraordinario. Dijo cosas que no alcanzo a recordar, pero que entendí como un presagio venturoso para la bebe, y que me lleno de un sabor agradable el alma. Estuve pensativo por un momento, creyendo que todo se debía a que el poseía un espíritu profético y acepte dentro de mi esta explicación con total simpleza. Ahora, ya mucho después creo comprender el ánimo que los embargaba a ellos en aquel momento.
El suceso nemotécnico exacto, mencionado al principio, consistió en que Azucena y mi madre quedaron grabadas para siempre en la memoria, frente a ese jardín florecido, una tarde luminosa de mayo, porqué en un día de ese mes se dio la trifulca mencionada, en varios sectores de la ciudad, además de la guachafita descomunal en el salón de clases. Seguramente ese día de los desordenes quedo también en la memoria de muchos, asociado a otros sucesos particulares de cada uno. Si estuvieron cerca a hechos de violencia, a incendios o a muertos, muy posiblemente estas imágenes las tendrán siempre en la memoria. En mi caso, como ya lo dije, ese día de la contienda y de la recocha descomunal en el salón, quedo asociado a esa bella tarde con la madre de catalina embarazada, por el mismo fenómeno nemotécnico.
Luego de esto encontré a Catalina en muchas ocasiones. Un año después cerca de navidad, entre en la casa y Catalina estaba de pie al final de la parte alta de la escalera, el bulto del pañal se le salía por debajo del vestido, tenia unos zapatos blancos diminutos y le habían hecho dos cachos de pelo en la cabeza, agarrados con bandas de bolas. Cuando nos miramos se mostró como desconcertada de verme, luego le resulte gracioso porque lo único q
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